jueves, 13 de febrero de 2020

Árboles - Antonio Rigo

Fotografía de Marga Miró


el mirlo
bebe un buche de agua
cuando no miro.

***

a media tarde
el grito del pavo real
en el ojo de la milana.

***

ahí está
pequeña, morada y pálpito.
este huerto, esa luz
procura armonía
a la cocina de nuestro estómago.
tú berenjena, cateral de la tierra.

***

Baobab /net


¿qué me estará 
diciendo el jazmín
que me deja
desnudo sin quererlo
aturdido de belleza
a las puertas
de no sé qué
misterio?

***

árboles
: oscura llama inflamada,
lengua cierta de la noche,
cuerpo de mi cuerpo
cuando no soy y
me dejo
entra la invisible luz
de su silencio

***

¿cuánto dura la lentitud?
la poesía: estar preparado
para no sé qué

***

Fotografía de Antonio Rigo


debo haber estado
más de una hora
detenido entre los árboles.
después, de lejos
he venido a buscarme
y he regresado,
cabizbajo,
como avergonzado
de estar de nuevo
entre los hombres

***

en las ramas 
más altas
el sol escribe
crepúsculo
de otoño

***

salgo de casa
entro en la luna

***


"Árboles" / Antonio Rigo
Las hojas del Baobab / stabil&studillo editores


martes, 11 de febrero de 2020

El barco de orquídeas



CANCIÓN 

Con el resplandor de la luna
Llena, no puedo dormir.
Me ha parecido oír aquí y allá
Una voz que llamaba.
Sin esperanza respondo:
"Sí", al aire vacío.
TZU YEH
...

PENSANDO EN FORMA DE NUBE  

Mis desordenadas nubes perfumadas
Siguen húmedas, iridiscentes
Como plumas de cuello de mirlo
Y lustrosas como alas de
Cigarra. Me prendo un fénix dorado
Junto a la oreja y, tras haberme
Arreglado así, mi hombre me sonríe.

CHAO LUAN-LUAN
...

CANCIONES DE CORTESANA

Te estrecho en mis blancos brazos
De jade. Tú me aflojas el
Vestido y me sueltas el negro pelo
Como un halo. Las puntas
De nuestras lenguas están frías de
Pasión y dulces en nuestras
Bocas. Tú susurras mi nombre y yo
El tuyo. Nos besamos una y
Otra vez frenéticamente, aquí y ahí.

ANÓNIMO

...



DESPEDIDA PARA UNA MELODÍA SUREÑA

Llegará un día en que volveré a
Compartir los edredones y
Las almohadas que tengo guardados.
Una vez más, te dejaré, tímida,
Desnudarme y abrir suavemente mi joya
Cerrada. Nunca podría describir
Las diez mil bellas y sensuales formas
Como gozaremos al hacer el amor.
HUANG O

...

CITA VESPERTINA

No puedo levantar la mano
Para llamar a tu puerta
Por miedo a que el sonido no
Sea lo bastante suave.
Un barquito regresa sin hacer
Sonar remos, pero espera
A la marea y la brisa del mar
Vespertina. Si, sentado
Bajo tu lámpara, oyes una suave
Respiración junto a tu
Puerta y sientes a alguien
En silencio junto a ti,
Tira el cigarrillo y empuja la
Puerta sin hacer ruido
Y ahí me verás esperándote.


CHEN MIN




"El barco de orquídeas"
Kenneth Rexroth / Ling Chung
Gadir Editorial

jueves, 11 de julio de 2019

Poemas del Aeropuerto - Antonio Rigo


RALENTÍ

Montar
el pistón de ralentí
ligeramente acelerado
en el soporte.
Roscar sobre el tornillo:
la contra tuerca del tope
el tope del torpe y
la contra tuerca del pistón.
Roscar el tornillo a fondo en el pistón
y apretar la contra tuerca a su par.
Llevar la palanca del ralentí
hasta hacer apoyo en el tope y
preguntarse una y otra vez
después de poner el motor en marcha
¿qué diablos es eso?
¿la mecánica de la existencia?
¿Dios está aquí?.
quiero cambiarle el aceite a la poesía
quiero darle otra vuelta de tuerca
a la libertad.

***

Dos mañanas y
dos tardes y
dos libres
suman ya
seis meses
de agobio.

***

LUNÁTICO

Cuando gobierna
el cuarto creciente
quiero ser poeta,
cuando se extiende
el cuarto menguante
soy un animal.

***

Aquí llega abril
sin dormir,
la luz fría 
del amanecer
como una rosa
en un vaso de vodka.

***

Más de 15 millones de días
sin haberme movido de Antonio.
Brazos extendidos, gesto abrupto o
ridículo, silencio en blanco o azul.
La ausencia. El mecánico.
El mozo de almacén. El hombre árbol.
Ahora viene la noche del abrazo o de la luz
pero estoy sentado en un volcán.
Y lloro, río, me ahogo
soy.

***

UN BOEING

Un Boeing y otro y otro
pero al sol sólo lo oscurece
una diminuta mariposa.

***

Digo luna de primavera
pero los grillos del almacén
me contestan
Luna de verano
idiota
Luna de verano.

***

ROBERT GRAVES

Llueve. Llueve. Llueve.
Cartones de tabaco
pasan flotando
entre los palés.
Yo trabajo sábado y lluvia
con los pies completamente mojados y
las manos demasiado lejos
del amor.
Demasiado lejos del amor
y la poesía
y la piedra negra de Canelluñ.

***

El mismo martes 
es una cebolla verde
habitada por camiones y
una manzana azul avión
con vocación de agua.
¿Por qué me acompaña entonces
la negra ansiedad
hasta que caigo rendido en la noche blanca?

***

Preparación preparación.
El hombre quieto observando pájaros.
El hombre sombra en movimiento.
El hombre sentado sobre silencios.
Mañana, tarde y noche
pájaros, sombra y silencios
preparación preparación
la jornada del hombre antiguo
la jornada del hombre lento.

***
Acabo de llegar a la conclusión
y tú ya estabas.




Antonio Rigo / "Poemas del aeropuerto"
Colección Zigurat
Ateneo Obrero de Gijón


martes, 2 de julio de 2019

9 poemas de Nicolás Bertelsen Román



CANCIÓN DE ANCLA

En una canasta de olas despiertas,
oscilada perla de mis días.

Serrín tus labios,
castigo los sonidos limpios,
como de arco tensado desde la luna a una mota,
todo un mismo giro, todo una misma ancla.

Levemos pues.

***

CARGA DE FAROS

Espuma tus ojos revientan
sin auxilio y con rueda
ciclón de juego y de tierra.

La cara va dejando
un poso como fragor
una métrica
reciente como una lanza
en la que aplastar el cuerpo y la sangre
en la que suprimir la mirada por redonda
y desertar lo suave de un pico de ámbar,
su futura y única madera.

Caminan los fosos levantando una marea de arrozales
donde el sol se agacha
y teje su palpitante mano de hombres
indistinguibles, reencarnando el uno en el otro
cuando uno apenas pone distancia
y un borroso ganado de hierbas
gana el charco, enmudece las sombras.

Aún conseguiré el pasado por detrás,
lo empujaré por las olas,
doquier, como una salsa o una savia,
mis hombros de teatro
abordo una chaqueta de vino;
un tambor de puntas, un rododendro
sin fuerza para colgar
en la puerta
el agua de la sortija, su propia verde
picoteada arma de interiores.

***

CENOTAFIO

A cada viaje el hemisferio olvida
el ajetreo cabizbajo de los regresos
que como una mula de intensidades
aflojada cántaro a cántaro
en una ristra de blanco,
va exigiendo al silencio un órgano
como un continuo naufragio de ramas.

A cada viaje el olvido ensancha
el derrocado, en la tinaja,
bucea en la harina de sus pulmones.
Y la miel se hace masilla o bidones
y las torres se elevan
sin crecer su piedra.

De noche, en una zanja
se bifurcan los colores
y la cavidad se sacude como si alguien
soñara dentro, sin párpados
casi el garaje de su trino,
casi la cosa sin la bóveda
casi la ausencia con la letra.

Unas maracas flotan el silencio
el lodo sube
el ave es todo tallo
y el amanecer se tiene que pasar por aduanas
de hierro
y cristal.

Por encima
de toda respiración.

***





SANGRE SIN VENAS

Regreso, establecido de alarma,
mi cuello una garganta
la garganta, las palabras.
y las palabras, prisa de belleza.

Se me sueltan de joya los labios,
se me sube de carne el pelo
y la corona late trenzada.
Mi corazón es un corazón embudo
sazonando el instante de flor de tu gesto.

Cavo de ti, es decir, de mí,
a puñados dorado el nivel de tu ojo;
las longitudes de té del tiempo
se han tumbado de tu costado,
se mastica el agua en azahar de chocolate
toma a sorbos, como una orilla,
mi ojo la clara en vilo de tu pecho marmóreo
y suspira.

Atrozmente enamorado,
pero como la sangre sin venas
un efecto de plasma,
una luz de repisa;
sin vuelo y sin túnel,
lava detenida.

***

AVE DE HORIZONTE

Cuando mi noche pese lo mismo que un casco
en cuanto quede por estar al cielo
estaremos.

***

FRESA EN LANZA

Donde se tiende a llorar el rocío
y tu frente tiende a ser otra frente,
empuja un colirio de enjambres
la piedra perfecta hacia tu flor de saliva;
ternura rueda en monedas hacia mi mano fresca
y de mi boca emana aún la fronda de tu pecho.

Montaña con rabia, polvo de tila
y sequía de rábano,
cólera arrodillándose hasta la fresa de sus rodillas,
candado de espuma con vuelta de fantasma,
de todo a todo he decaído.

No te encuentro.
Comprimo un tonel de aire en un puño
y lo expiro en el otro. Nada.
Cárcel sin cárcel, con sólo nombre.

Dedos en paisaje de garfio,
melena con éter de trama;
fuego doblado tantas veces en el bolsillo
como frío empuña y mata.
Nada.
Y redoblan ayeres hasta el valle y lejos
y el piso se rodea de pena
como un monóculo entero y macizo de céspedes.
Nada.

Donde se tiende a llorar el rocío
y tu frente tiende a ser otra frente,
encuentro ahora despedazado el anillo
y en fuga las ramas.

***


ODIO

Calculo maldiciones con el terror de mi sombra.
La desidia de la piel sobre el olor,
de un aire de caja como la única sonrisa del pulmón,
del lecho disparado círculo
que da tumbos
y tumbos de ovillo de galope.
La ley bufanda en el cuerpo azotadísimo del verano.

Murmullo mis imprecaciones:
el horror de unos dientes de oro
y de las uñas jeroglíficas
en el rincón más madrugable de avería,
un traje de zarpa y un ungüento de sollozos
empujados hasta la bodega del tuétano
y trajinados a un buque de complexiones
paquituertos, ñupiformes, esplendosillos.

Duelo y tiemblo y gimo con un cuerpo doble:
no me caben los dedos en mis dedos
que mi cabeza ahora es un hoyuelo
y si entrechoco mi anverso y reverso
-asi, observándome desde fuera-
lluevo como de suelo arriba.

***

ALERGIA

Basta un ojo de sabueso,
un cariado yunque de olmo,
que las narices piden su otoño,
danzan que danzan la fiebre, que llega llena!

Detente,
mastín, en las rabias de primavera
a husmear.
Piénsatelo,
piensa.

Al caer está
un meticuloso laberinto indigesto
que los adoquines hechizan de lado
como si fueran pasos.

Borrascas de lino apenas, quizás,
en el temporal perpetuo de zarandearse
y vino
que es el Sol sobre la diana única de este momento.

¿No podría ser un altar tu rostro, viña,
que de pasear tus rasgos se hacen rojos
y altos,
chisporroteantes?

En el coro de las heridas
no hay sin una:
primavera;
y es que tiemblo el rosetón más curvo imaginable,
la sangre.

***

AVE DE TAMBOR

El ritmo le debe al ritmo
olas del mar.

***


Poemas inéditos de Nicolás Bertelsen Román
cedidos por el autor.
Desde aquí y por siempre
GRACIAS



viernes, 31 de mayo de 2019

En la luna del Maestro - Paula Ensenyat



Fotografía de Marga Miró


A Antonio Rigo
:mi maestro

En la luna del maestro
las palabras son árboles
y la garza habita en las raíces
donde todo se ordena.
Un mar de tierra
con aromas de chocolate,
un trueno en la nada
que desvela lo invisible.

En la luna del maestro
no hay necesidad
pero sí hambre
y una copa de vino
inagotable.
Las cosas no existen
pero suceden tres veces
y si se pronuncian
desaparecen.

En la luna del maestro
se escucha el vuelo del mirlo
en los ojos de la hormiga
y la boca de la rosa
es un beso interminable.
Allí, ni risa ni llanto
y se deshojan las piedras
en las manos
en las manos
eternas.





domingo, 26 de mayo de 2019

5 Poemas de Miguel Ángel Velasco


Aparición

Está ya anocheciendo, pero tente,
aguarda un poco más. Desdeña ahora
la luz señera de la casa. Escucha
crujir la muchedumbre de los árboles,
el arroyo correr, la nota líquida 
en la garganta del zorzal, y siente
latir el bosque en vilo de inminencia.
Cierra manso lo ojos y respira
el verde color de la espesura, yérguete
en el impulso de aspirar y seas
un solo pulso absorto en la noche,
ve los bultos severos de los pinos,
su rigidez alerta; pero aguarda,
aguarda todavía: mira alzarse
el rostro que invocaste, el rostro amado,
como otra luna entre las negras ramas.

***

Las nubes

Yo no os había visto hasta aquel día,
iba bajo vosotras sin saberos,
decía acaso nube con descuido
o bien cogía una para un verso
como pañuelo claro en el andén
de la memoria. Pero no os veía.
¿Qué haría mientras tanto; en qué comercio
oscuro me andaría con el sueño;
en qué mina de olvido, en qué caldera
apilaba el carbón de la desdicha;
por qué calles sin cielos vagaría
mirándome las puntas polvorientas
de los tristes zapatos; o con qué
visera amarga malogré mis ojos;
qué amor avaro los tenía presos
en espejos de sed, que no veía
las luminosas nubes?

***

Lombardas

Ebrio iba del mundo cuando vi aquellas coles
rizándose de plata como espuma del surco.
Diríase que públicas al par que pudorosas,
absortas en su pompa de corolas atroces.

Tan pronto raso añil como seda violeta
o copiando del cielo el zafiro más puro
las coles se irisaban como si las bruñese
el tornasol profundo de una rosa secreta.

La savia dibujaba con pincel minucioso
en las sedas azules filigrana escarlata.
Honda lumbre encendía las coles cristalinas
de rosa madreperla cual lámparas sagradas.

Al punto la madeja delicada de hojas
se henchía sudorosa de una savia más viva
y aquellas hortalizas parecían de pronto
el sueño vigilante de grandes mariposas.

Largo tiempo el que estuve asomado a la huerta
pues todo se entendía junto a aquella verdura.
Eran la misma cosa su rica nervadura
que las venas azules de mi mano en la cerca.

Y cuando me alejaba de las coles, sabiendo
que mi vida más cierta se quedaba con ellas,
vi en sus hojas alzarse como enaguas y alas
de novicias y ángeles remontándose al cielo.

***

El aceite

Vi el aceite de oro en la noche del párpado.
Su luz se derramaba de la almazara eterna,
resbalaba sin prisa por un cauce de astros,
y al llegar al brocal de la absorta pupila
maduraba mi ojo con su sol apretado.
El tiempo era ese río de aceite que manaba
desde el mañana hondo fluyendo hacia su vástago.
Mi pelo se hizo plata, y sentí retorcerse
bajo los pies raíces de olivo milenario.

***

Lirio

Aprende, vida, a vencerte
como se dobla la hoja
del lirio bajo la nieve.




"El dibujo de la savia" - Miguel Ángel Velasco
Editorial Lucina

lunes, 6 de mayo de 2019

5 poemas de José Castiñeira



Por la franja de sol
camina una mujer desnuda
se agita firmemente en cada paso
y va volando apenas
por el suelo
toda llena de luz.

***

Me levanté y sentí
mi cuerpo entero equilibrarse sobre estos pies
-algún crujido-
la cabeza recta sobre los hombros
agité mi rostro y desperté de un sueño
porque estaba dormido
en esa quietud inerte de los sindicatos
entonces miré hacia la ventana.

***

Haz que el tren no pare hoy
que siga recorriendo el verde tras la pantalla
que el silencio nos recoja tranquilos hasta la muerte
sin decir nada
sin hacer nada
esperando encontrar la brizna que acaricia el viento.

Quizás mañana volvamos a nacer
acostumbrados a este respeto simple de la hierba.

***

Aun siendo hoy casi un lunes lluvioso de diciembre
no ha caído ni una sola lágrima.

Al cabo
no soy más
que un lluvioso lunes de diciembre.

***

Desde que tú te has ido...
¿Qué sé yo?
Han empezado a pudrirse
los tallos
de las siemprevivas.

"Alguna vez"
Biblioteca La Baragaña

*Libro disponible para descargar o leer gratuitamente en la web de Asociación Cultural La Baragaña (Biblioteca ACEB)