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lunes, 27 de enero de 2014

Vamos a redundar-Tomeu Ripoll



















Dudo de la veracidad
de tus ambiguas dudas.
Valga la redundancia
si saco seis doble,
que un tercero me lleva a casa
en el mundo del parchís.

Todo es cíclico y constante,
respirar cuando estás vivo,
redundantemente quieto en sepultura,
dando vueltas en tierras
que se esparcen y brotan sin pausa.

Y nada más nadar
desnudo en la nada,
se repiten las estrellas
de las noches menos claras.
Y la luna crece,
y otra llena,
y otra mengua,
se va,
y vuelve a crecer.
Valga siempre la redundancia
como tiovivo imparable.

Un pálpito vuelto yoyo,
baila sin tutú
la danza del reloj.

Dime ¬¿Quién eres tú?
Pregunta un desconocido.
Y se presenta, y lo conoces, y lo olvidas,
y vuelve de nuevo con otro rostro
y otra pregunta,
¬¿Quién soy yo?
Y el espejo responde:
¬¿Otra vez tú?

Tú duras algo más
en mi rotación,
y muero contigo,
y nazco por ti,
y me acuesto contigo,
y amanezco en ti.
Redundándote eternamente,
cabalgando ese latido
que se jugó el corazón
frente a tus cartas marcadas,
rodeando tus redondeces.
Valga la redundancia
como moneda en curso.

El verbo más ancho / Ediciones La Baragaña

viernes, 17 de enero de 2014

A veces A voces-Tomeu Ripoll















A veces, abro mi cartera y está vacía,
abro mis ojos y sigo sin ver,
o presto toda la atención
y nadie me la devuelve.

A veces, pago impuestos
que son deudas que jamás
hice nada por contraer.
A veces, me quedo a vivir en tu mirada
y se me va el alma en el alquiler.
Y de repente...
    se cae el cielo,
         se moja el aire
              y siento miedo.

Sometimes, I talk another language.
Y no me entiendo,
y no me atiendo como es debido,
y bebo más de lo convenido
y hablo más de lo concertado.

A veces, me llaman para cambiar de compañía
y abandono a mis amigos,
a veces no tengo amigos,
a veces vendo amigos.

A veces descubro la verdad
y se muere de frío.

A duras penas recuerdo
que tengo mala memoria.
A duras penas, mangas verdes
que suenan en el río a buenas horas,
y amanece más temprano...
y no por mucho madrugar
recibo la ayuda de Dios.
Y de repente...
    se cae el cielo,
         se moja el aire
              y siento miedo.

A veces me repito como un metrónomo,
a veces me repito como un metrónomo,
a veces me repito como un metrónomo,
y me equivoco como la paloma de Alberti,
y me creo que hay fronteras,
y pienso que ser español es importante,
o un privilegio o un color.

        Quelque fois je parle en autre language,
y no me entiendo...

Y a veces veo muertos,
y a veces son los muertos los que me miran...
Y de repente...
    se cae el cielo,
         se moja el aire
              y siento miedo.

A veces pierdo el hilo
y todo se hace más difícil
porque no puedo coser y cantar.
Y a veces tic,
            soy un reloj tac,
y a veces tic,
            soy un reloj tac.
Y me repito como un metrónomo,
y me repito como un metrónomo.

                            Y mido el tiempo,
            su tartamudeo constante,
            su irse desovillando,
su implacable latido.
Y de repente...
    se cae el cielo,
         se moja el aire
              y siento miedo.

El verbo más ancho / Ediciones La Baragaña

viernes, 3 de enero de 2014

Solo palabras-Tomeu Ripoll



















Tú, puedes ser luz cuando me lees,
yo, puedo ser agua que te abre,
pero las palabras quedan en medio
como un camino, como una brecha,
como una estación que no es de nadie.

Y si un día me entiendes o me enciendes,
si un día me quieres o me rompes,
quedan las palabras que te dije,
       las palabras como flores muertas,
                   flores secas oliendo a silencio.

Y si un día me olvidas o me guardas,
si un día pequeño me vuelves sombra,
quedan las palabras que te quedas,
       las palabras como lengua propia
                   que me nombran por descuido.

Tú, puedes ser luz cuando me lees,
yo, puedo ser lluvia que te abraza,
pero las palabras quedan en medio,
como una muralla o como un puente,
como una razón que no es de nadie.

Y se despellejan las palabras
con las uñas de la distancia.
Si un día te despiertas
y no encuentras lo que he escrito
ni en un rincón de la memoria,
es que la hiedra venenosa
se hizo enredadera en la rutina,
alcohol sobre la tinta del mar,
agua sobre el agua mansa,
y desnudó las hojas de letras,
las cubrió de musgo,
y fermentaron de sentirse solas.

Tú, puedes ser luz cuando me lees,
yo, puedo ser río que se marcha,
pero las palabras se quedan en medio,
como las huellas de una canción
que, en minúscula o en voz baja,
consiguieron mirarte a los ojos
y decirte que tú, puedes ser luz,
y decirte que yo, puedo ser agua,
y que el resto, son solo palabras.


El verbo más ancho / Ediciones La Baragaña