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domingo, 23 de marzo de 2014

3 Poemas de "El viento"-Susana March





















Tú eres mi sed. Los pájaros, los astros...
¿Qué importa que haya un cielo?
¿Qué importa que te mueras y me muera?
¿Qué importa un Dios eterno?
Amo tu imperfección de barro oscuro,
amo tus ojos serios,
amo tus dulces manos pecadoras,
tu perdurable cuerpo...
¿Qué importa que te mueras y me muera?
Tú eres mi sed, el agua que deseo.
De bruces sobre el cauce impetuoso,
humildemente bebo.

***

OSCURO AMOR

Oscuro amor... Tu muerte es ya mi muerte.
Más allá de este mar, ¿qué extraña orilla
cobijará mi náufraga tristeza?
Me evadiré del viento
que transita en mi sangre,
sacudiré mis lágrimas
como las largas crines de un caballo salvaje.
Quiero partir contigo,
sin mí, por los senderos
extraños y remotos
por donde vas a ciegas, tropezando.
Te seguiré sin lástima y sin gloria,
mendiga de unos ojos,
de una voz, de una mano cercenada
en el umbral del sueño...

Te seguiré hasta allí donde tú acabas
para acabar contigo.

***

YO

Yo. Siempre yo.
Y mi sombra oscura persiguiéndome...
Yo en todas las esquinas
desconcertada y múltiple.
Yo. ¡Siempre yo!
Y Dios pesándome en la sangre
como un hijo que se sueña.
Y un tremolar de ángeles libres
sobre mis párpados cerrados.
Y luego una gran fatiga,
una huella de algo que no ha sido,
un retornar a mí para morirme...


El viento / Ediciones Torremozas

miércoles, 26 de febrero de 2014

3 Poemas de Rutas-Susana March














TU CANCIÓN

Tu canción es bella, poeta. Tristemente
vi perderse sus ritmos en los callados días,
mientras que tu recuerdo me besaba en la frente
y se ahogaba en mi alma en mil melancolías.

Tu canción es bella, poeta... Me decía
no sé qué extrañas cosas en su dulce lamento,
que me embriagaba toda de cálida alegría
esculpiendo tu imagen dentro mi pensamiento.

Si es verdad o mentira no lo sé ni me importa.
Yo tomaré la miel que se ofrece a mi paso,
ya que los años pasan, ya que la vida es corta,
y hay que apurar el vino del fascinante vaso.

En tu canción un fuego de ilusiones palpita;
en tu canción estallan las rosas de pasión...
¡Déjame que lo crea! Que en la hora infinita
se unan nuestras almas en la misma oración.

***

PRISIONERA

Me has besado las manos temblorosas
que a tus besos ardientes se rendían...
Ayer eran dos lirios que morían
de frío y de pesar. Hoy son dos rosas

que despiertan calientes y nerviosas.
¡Qué blancas y pequeñas parecían
¬más que nunca, tal vez,¬ cuando dormían
presas entre las tuyas vigorosas!

Palomas que suspiran placenteras,
en la cárcel de bronce prisioneras,
dichosas de perder su libertad.

¡No las sueltes, amado! Eternamente
quiero verlas latir cálidamente,
esclavizadas a la gran verdad...

***

INQUIETUDES

Versos, sueños, poesía...
¿Para qué? Nada me han dado,
e igualmente me han dejado
con mi atroz melancolía.

He soñado. El alma mía
dulcemente ha caminado
por un país encantado
lleno de luz y armonía.

Y me encuentro ahora que estoy
sin saber a donde voy...
¡Entre dos mundos perdida!

Ignorando si en mi suerte
me espera al llegar la Muerte
o voy en pos de la Vida.

Rutas / Aviñó
(1938)

martes, 18 de febrero de 2014

Cada vez que levante los ojos-Susana March














Cada vez que levante los ojos,
beberé toda el agua del cielo.
Su agua azul, temblorosa de pájaros,
se me irá derramando por dentro.
Y allá donde las sombras mezquinas
me despierten un mal pensamiento,
allá donde se agiten las alas
nocturnas y vagas de tristes deseos,
formará el claro río una charca
de profundo y tersísimo espejo,
zodiacales los signos en torn,
y la estrella del Sur en el centro.
Y si un día me siento agobiada
de tener tanto cielo en el pecho,
me hundiré en esa charca clarísima
con un rayo de sol en el cuello.
Suicida de azules riberas,
yaceré sobre un lodo arcangélico.
Un reposo de miles de años
me estará acariciando los huesos.


El viento / Ediciones Torremozas

martes, 28 de enero de 2014

Algo-Susana March
















No es eso.
Agua fresca de río,
árbol alto, varonil, sobre el monte,
agreste olor a hierba recién brotada,
tibio nido de alondras,
ancho piar de pájaros
sobre el azul sereno de la tarde...
No es eso.
Amor humano,
calor de bocas húmedas y jóvenes,
pesadumbre de amar lo que se muere,
ansia de dar la vida,
laxitud de los miembros, manos rotas
sobre un jirón de niebla...
¡Y no es eso!
Quizá una lágrima
que no he llorado nunca,
o el recuerdo de una mano amiga
cuyo sexo y olor desconozco...
¡No!
Dios sentado en lo alto de mi solio harapiento,
con su diadema de arcángeles
y su lejana paz sin compañía...
Acaso yo misma delante de un espejo,
agraviada por mi propia imagen,
hastiada de mis ojos taciturnos
y de mi boca amarga...
¡Y no es eso tampoco!
Acaso el viento, acaso
una ráfaga triste
de este viento de otoño en la mejilla...


El viento / Ediciones Torremozas

domingo, 19 de enero de 2014

A un hombre-Susana March














Salvar este gran abismo del sexo
y luego, todo será sencillo.
Yo podré decirte que soy feliz
o desdichada,
que amo todavía
irrealizables cosas.
Tú me dirás tus secretos de hombre,
tu orfandad ante la vida,
tu miserable grandeza.
Seremos dos hermanos,
dos amigos, dos almas
que alientan por una misma causa.
Hace tiempo que dejé la coquetería
olvidada en el rincón oscuro
y polvoriento
de mi primera, balbuciente femineidad.
¡Ahora solo quiero que me des la mano
con la fraternal melancolía
de todos los seres que padecen el mismo destino!
No afiles, porque soy mujer,
tu desdén o tu galantería,
no me des la limosna
de tu caballerosidad insalvable y amarga.
¡Quiero tu corazón, sin amor,
pero amigo! Ese corazón leal
que repartes
entre los seres de tu mismo sexo.
¿No alcanzaremos nunca
la paz de nuestras vidas,
la amistad que hace alta el alma,
calurosa la soledad, alegre el mundo?
Como yo me desnudo
de mis naturales artificios,
desnúdate tú de tu complejidad,
¡y sé mi amigo!


Los mejores versos /  Editorial Nuestra América
(Cuadernillos de poesía)

miércoles, 1 de enero de 2014

Mi madre y yo-Susana March












Siempre soy un poco niña
cuando voy a ver a mi madre.
Ella me riñe como si lo fuera,
me arregla la lazada del vestido,
critica la forma de pintarme los labios,
me esponja el cabello,
me repite por centésima vez
el modo de hacer una buena sopa de pescado.
Y yo asiento a todo, dichosa, tranquila,
enamorada de mi madre,
de sus cabellos grises,
de su cuerpo deformado por los años y la maternidad,
de sus manos marchitas y hacendosas,
de sus pies diminutos que todavía no han aprendido a estarse quietos.
Después me estrecho un instante
contra su seno y ella
me va borrando años, melancolías, ansias,
con la dulce caricia de su mano. Y yo pienso:
-"Algún día
dejaré de oír esta voz,
dejaré de sentir sobre la frente
el temblor de estos dedos..."
Y es como si el mundo
se quedara vacío de pronto.
¿Hay una orfandad más triste que la orfandad del adulto?
¡Huérfanos de cabeza gris!
Yo no sería nunca vieja si viviera siempre mi madre.
¡Lo sé!
Pero quedarme sola,
afrontar sin ella la muerte y la enfermedad,
tener un gran dolor y no contárselo...
¡Ah, todo es mentira junto a esto!
Mi madre a la espalda,
mi hijo delante de mí.
¡Lo demás no importa!


Poemas/Antología (1938-1959)
Publicaciones La Isla de los Ratones