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viernes, 14 de febrero de 2014

Como último recurso-Alejandro Céspedes














Como último recurso
he ido a buscar fantasmas
a un sombrío desván de mi memoria,
pero el tiempo ha raído la urdimbre de sus sábanas
y ahora yacen desnudos, invisibles, ausentes.

Tumbado sobre el moho del recuerdo
espero con paciencia
que el castillo de sombras, construido
con tan enorme esfuerzo, se incline ante los días,
impasible rumiantes
que lo trituran todo.

Sólo subiste el eco
de su run-run mecánico,
la experiencia de amortiguar el grito
de los sueños tronzados que siguen fragmentándose
hasta volverse arena de un reloj insaciable.

El tiempo es mi resaca.
Del poso de los vasos
resucitan de nuevo mis espectros,
y el amargo espejismo que vive en las botellas
me hace ver que debajo del escombro aún hay vida.


Las palomas mensajeras sólo saben volver  / Ediciones Hiperión

lunes, 10 de febrero de 2014

Qué vértigo-Alejandro Céspedes














Qué vértigo asomarme
al abismo en que duermen los recuerdos.

El tiempo transparente,
confunde a los sentidos
y al extender las manos
para recomponer ruinas dispersas
me empuja hacia el vacío que de súbito abre.

Se disfraza otras veces
de playa solitaria
y con el ronroneo de sus olas
va enzarzando los pies de la memoria
y la lleva hasta el fondo de los días hundidos.

Allí están las veredas que trazaron los labios
hacia ningún destino,
                                hoy cubiertas de algas.
Están allí los restos de los nombres
que aprendí a susurrar,
las caricias prendidas en jirones de náufragos,
deseos esparcidos,
promesas encalladas...

El recuerdo conjura estas ruinas de atlante.
Los fantasmas reviven,
reviven pasiones olvidadas
y vuelven a besarme en las mejillas
aquellos sueños dulces, acelerados, frágiles,
que intentaba beber,
pero al llegar el día
con su aullido de luz los fragmentaba
llenándome la boca de cristales.

Oh sueños penitentes,
cogedme de la mano,
robemos el recuerdo algún instante
de ese trozo de vida digerible.
Accedamos descalzos a su indócil esencia
para que no se escapen los cándidos fantasmas
que están de aquel naufragio resurgiendo.

Las palomas mensajeras sólo saben volver / Ediciones Hiperión

sábado, 8 de febrero de 2014

Sufres-Alejandro Céspedes













Sufres el espejismo de la noche
que rellena los vasos
y te envía sus sombras alcahuetas.
Pero el día se empeña en recordarnos
que la noche es la niebla que separa el miedo,
y la escarcha que asoma detrás de los cristales
se afila en una larga estalactita
que es preciso beber para saber que estamos
juntos, aunque ya existe una frontera
trazada entre los dos como una herida
que no quiere curar, ni emponzoñarse.

En la cima del sueño
el día tensa el arco.

El primer haz de luz que nos alcance
nos dejará desnudos de promesas.
Recoge esas palabras en desuso
antes que la mañana nos dispare.
No me dejes caer en la tentación,
y líbrame del mal,
del bien,
de la esperanza.

Las palomas mensajeras sólo saben volver / Ediciones Hiperión