jueves, 20 de febrero de 2014

3 Poemas de Vivo en las pequeñas cosas-Biel Vila



















Ayer vi a un niño despedirse del agua de una 
fuente
como si fuera un amigo.

Su madre susurra:
¬Dile hasta mañana.

Incluso al irse
no dejó de mirarla.

Y descubres que tienes menos amigos.

***

El otro día del bolsillo de un poeta tomé prestado
un sueño.
Leve y transparente el hada estaba ahí.

***

A veces las respuestas
están a ras de suelo,
por eso no dejo
de mirarme los zapatos.


Vivo en las pequeñas cosas / Ediciones La Baragaña

miércoles, 19 de febrero de 2014

3 Poemas de la otra orilla-Antonio Rigo


Quedaos con los poemas,
quedaos con los poemas
y la provocación y
la soberbia vanidad
pretenciosa o lo que sea,
¡ay los premios!, esa infame grandeza.
Quedaos incluso con la luz.
Quedaos incluso con esa tibia luz.
Me da igual, no soy como vosotros.
La flor que crece contra todo.
La flor que crece contra todo
junto al rugido blanco del agua.
La Poesía.

***

¿Dónde viven las palabras no dichas?
¿En qué jardín?
¿Bajo qué piedra o árbol?
¿En qué momento de su vida
atraviesan la luz y
salen a nuestro encuentro
para sanarnos?

***

La otra orilla. Viernes.
Hoy al amanecer
los mirlos estaban alborotados.
Amarillo y negro su vuelo aleteado
amarillo y negro su cántico.
Algo más tarde
me tomo un zumo de naranja
mientras el perfil limpísimo
de la montaña se abre como
la primera ventana. Tengo música
de violín y guitarra en el estudio y
varios libros de poemas sobre la mesa.
Observo los gatos, su elegancia natural
su dormitar tranquilo, su indolencia
lunática y soleada. Y también pienso en ti
y súbitamente te abrazo y así lo digo:
tu día y mi viernes
están ahora ya juntos.


Masticando adelfa / Ediciones La Baragaña


martes, 18 de febrero de 2014

Cada vez que levante los ojos-Susana March














Cada vez que levante los ojos,
beberé toda el agua del cielo.
Su agua azul, temblorosa de pájaros,
se me irá derramando por dentro.
Y allá donde las sombras mezquinas
me despierten un mal pensamiento,
allá donde se agiten las alas
nocturnas y vagas de tristes deseos,
formará el claro río una charca
de profundo y tersísimo espejo,
zodiacales los signos en torn,
y la estrella del Sur en el centro.
Y si un día me siento agobiada
de tener tanto cielo en el pecho,
me hundiré en esa charca clarísima
con un rayo de sol en el cuello.
Suicida de azules riberas,
yaceré sobre un lodo arcangélico.
Un reposo de miles de años
me estará acariciando los huesos.


El viento / Ediciones Torremozas

lunes, 17 de febrero de 2014

3 Poemas-Valentín Chacártegui














Allí donde crían agujeros
las hojas de la morera;
se transforma el capullo
en alas y sombra.
El niño caza mariposas
con su red.
Luego les clava alfileres
en las avenidas de la libertad.
¿De nuevo la bestia?

***

Abierta la ventana.
El hombre de alma desnuda y herida.
Están muy lejos los años y las cavernas,
la naturaleza oscura de brazos
y perfiles afilados.
Lejos están los años en que uno concibe
con la pasión en lugar de con los sesos.
A lo lejos se oyen las sirenas.
Bajo la ventana,
una sombra,
una bestia.

***

En los nidos antiguos reposa
la esencia del trino.
Abro la ventana
y respiro el aire de la mañana
y veo al mirlo de pico aderezado.
Nubes como montañas
oscuras y amenazantes.
De nuevo siento el aliento de la bestia,
sus garras en mi vientre.
De la tierra brota
un jardín de alas y rosas.

El lento vals de las bestias / Bradbury ediciones


domingo, 16 de febrero de 2014

El agua-Olvido García Valdés














El agua es algo de lo que no sé; que veo y miro y oigo y toco y de lo que no sé. En lo que escribo aparece; en algunos poemas, ahí está.
Delante. He vivido delante de un gran río que venía; no ya porque vivía a la orilla del río, sino porque el río, por la configuración del terreno, parecía venir sobre la casa.
Era un agua sonora. A corta distancia, todo a lo ancho del río, que allí era ancho, el caudal se precipitaba sobre un dique; más ruido o menos ruido, según la lluvia y el momento del año. Siempre el ruido aquel año, que fue un año de lluvias.
Me parecía entonces, ese ruido, origen de otra cosa, cámara de resonancia, recámaras, una percepción interior. Tras un espacio, otro, hueco y vacío y silencioso, pero hecho por el sonido, o no disímil de algo en la estructura del sonido.
El del dique, el del agua en el dique es sonido áspero y monótono, violento; esa aspereza se hace en la cabeza sequedad, hormigueo del estruendo que resuena, se hace oquedad, eco sin pausa de lo hueco. Como en los espacios virtuales, cuyos sistemas se abren en huecas carpetas repetidas, cámaras y recámaras sin término; uno atiende hacia adentro, por si hubiera otra cámara, temiendo que la haya, porque no sabe lo que hay, qué hay ahí. Igual, el agua.

Pero en el agua está la luz. Sin luz o con luz, con más o menos luz, el agua es otra. Con su ruido, de noche, incluso en la ciudad, donde de noche no es del todo la noche, el agua es otra. "Extraño, que la tierra se divida en agua y pensamiento", rumiaba el fumigador de guardia.

De la fábrica de luz, por el túnel llegan los muertos. Así llegaba el santo en la pintura y su verdor, y nunca supe que junto a él viviría. No siempre se ve del mismo modo. Ahora pongo atención a los cristales, a los restos de la noche, y hay trocitos de verde ira, por la calle, esperando.


Lo solo del animal / Tusquets editores

viernes, 14 de febrero de 2014

Como último recurso-Alejandro Céspedes














Como último recurso
he ido a buscar fantasmas
a un sombrío desván de mi memoria,
pero el tiempo ha raído la urdimbre de sus sábanas
y ahora yacen desnudos, invisibles, ausentes.

Tumbado sobre el moho del recuerdo
espero con paciencia
que el castillo de sombras, construido
con tan enorme esfuerzo, se incline ante los días,
impasible rumiantes
que lo trituran todo.

Sólo subiste el eco
de su run-run mecánico,
la experiencia de amortiguar el grito
de los sueños tronzados que siguen fragmentándose
hasta volverse arena de un reloj insaciable.

El tiempo es mi resaca.
Del poso de los vasos
resucitan de nuevo mis espectros,
y el amargo espejismo que vive en las botellas
me hace ver que debajo del escombro aún hay vida.


Las palomas mensajeras sólo saben volver  / Ediciones Hiperión