sábado, 8 de febrero de 2014

Sufres-Alejandro Céspedes













Sufres el espejismo de la noche
que rellena los vasos
y te envía sus sombras alcahuetas.
Pero el día se empeña en recordarnos
que la noche es la niebla que separa el miedo,
y la escarcha que asoma detrás de los cristales
se afila en una larga estalactita
que es preciso beber para saber que estamos
juntos, aunque ya existe una frontera
trazada entre los dos como una herida
que no quiere curar, ni emponzoñarse.

En la cima del sueño
el día tensa el arco.

El primer haz de luz que nos alcance
nos dejará desnudos de promesas.
Recoge esas palabras en desuso
antes que la mañana nos dispare.
No me dejes caer en la tentación,
y líbrame del mal,
del bien,
de la esperanza.

Las palomas mensajeras sólo saben volver / Ediciones Hiperión

domingo, 2 de febrero de 2014

Vínculo-Miquel Àngel Lladó Ribas


Sé que a ratos
nos une
un vínculo blanco y visible.
Un vínculo blando
y sin embargo tierno,
de piel
y dedos y uñas,
que a ratos viaja en bus
o se pasea calle arriba
entre un laberinto
de notable indiferencia.

Sé que a ratos
se trenza
y se funde en un solo latido,
ajeno
al estridente griterío de las bocinas
o a la altivez de los adolescente
que merodean
por los Sagrados Templos de la Anorexia.

Sé que a ratos
habla
y me dice cosas de Ti,
bellas palabras
que permanecen en mi oído
como un hálito otoñal,
suave
y reconfortante.

El inquilino del hielo / Editorial casabierta
(edición bilingüe)

sábado, 1 de febrero de 2014

Tiene-Jorge Espina












Tiene un señuelo
clavado en el pecho
y algo
o alguien
tensa el sedal
del otro lado.

Se revuelve en el balancín
tratando de soltarse
mientras lee tus poemas.

Volver al pan, llegar a casa / Ediciones Canalla

miércoles, 29 de enero de 2014

Sospechosa-Ana Pérez Cañamares














Levanto sospechas en la oficina
porque trabajo con la cabeza en otra parte
levanto sospechas en mis amigos
porque desaparezco y callo durante días
levanto sospechas ante mi hija
porque en vez de hermanos o perros
sólo traigo a casa libros

sospechas ante mí misma porque mi independencia
se resquebraja cuando la tristeza da un golpe de estado

por eso me esmero cuando escribo:
aquí no quiero que me deseen otra

Alfabeto de cicatrices / Ediciones Baile del Sol

martes, 28 de enero de 2014

Algo-Susana March
















No es eso.
Agua fresca de río,
árbol alto, varonil, sobre el monte,
agreste olor a hierba recién brotada,
tibio nido de alondras,
ancho piar de pájaros
sobre el azul sereno de la tarde...
No es eso.
Amor humano,
calor de bocas húmedas y jóvenes,
pesadumbre de amar lo que se muere,
ansia de dar la vida,
laxitud de los miembros, manos rotas
sobre un jirón de niebla...
¡Y no es eso!
Quizá una lágrima
que no he llorado nunca,
o el recuerdo de una mano amiga
cuyo sexo y olor desconozco...
¡No!
Dios sentado en lo alto de mi solio harapiento,
con su diadema de arcángeles
y su lejana paz sin compañía...
Acaso yo misma delante de un espejo,
agraviada por mi propia imagen,
hastiada de mis ojos taciturnos
y de mi boca amarga...
¡Y no es eso tampoco!
Acaso el viento, acaso
una ráfaga triste
de este viento de otoño en la mejilla...


El viento / Ediciones Torremozas

lunes, 27 de enero de 2014

Vamos a redundar-Tomeu Ripoll



















Dudo de la veracidad
de tus ambiguas dudas.
Valga la redundancia
si saco seis doble,
que un tercero me lleva a casa
en el mundo del parchís.

Todo es cíclico y constante,
respirar cuando estás vivo,
redundantemente quieto en sepultura,
dando vueltas en tierras
que se esparcen y brotan sin pausa.

Y nada más nadar
desnudo en la nada,
se repiten las estrellas
de las noches menos claras.
Y la luna crece,
y otra llena,
y otra mengua,
se va,
y vuelve a crecer.
Valga siempre la redundancia
como tiovivo imparable.

Un pálpito vuelto yoyo,
baila sin tutú
la danza del reloj.

Dime ¬¿Quién eres tú?
Pregunta un desconocido.
Y se presenta, y lo conoces, y lo olvidas,
y vuelve de nuevo con otro rostro
y otra pregunta,
¬¿Quién soy yo?
Y el espejo responde:
¬¿Otra vez tú?

Tú duras algo más
en mi rotación,
y muero contigo,
y nazco por ti,
y me acuesto contigo,
y amanezco en ti.
Redundándote eternamente,
cabalgando ese latido
que se jugó el corazón
frente a tus cartas marcadas,
rodeando tus redondeces.
Valga la redundancia
como moneda en curso.

El verbo más ancho / Ediciones La Baragaña