jueves, 2 de octubre de 2014

7 Poemas de "Cancionero y romancero de ausencias" - Miguel Hernández


















El sol, la rosa y el niño
flores de un día nacieron.
Los de cada día son
soles, flores, niños nuevos.

Mañana no seré yo:
otro será el verdadero.
Y no seré más allá
de quien quiera su recuerdo.

Flor de un día es lo más grande
al pie de lo más pequeño.
Flor de la luz el relámpago,
y flor del instante el tiempo.

Entre las flores te fuiste.
Entre las flores me quedo.

***

El corazón es agua
que se acaricia y canta.

El corazón es puerta
que se abre y se cierra.

El corazón es agua
que se remueve, arrolla,
se arremolina, mata.

***

Cada vez más presente.
Como si un rayo raudo
te trajera a mi pecho.
Como un lento, rayo
lento.
Cada vez más ausente.
Como si un tren lejano
recorriera mi cuerpo.
Como si un negro barco
negro.

***

Una fotografía.
Un cartón inexpresivo,
envuelto por los meses
en los rincones íntimos.

Un agua de distancia
quiero beber: gozar
un fondo de fantasma.

Un cartón me conmueve.
Un cartón me acompaña.

***

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

***

Ausencia en todo veo:
tus ojos la reflejan.
Ausencia en todo escucho:
tu voz a tiempo suena.
Ausencia en todo aspiro:
tu aliento huele a hierba.
Ausencia en todo toco:
tu cuerpo se despuebla.
Ausencia en todo pruebo:
tu boca me destierra.
Ausencia en todo siento:
ausencia, ausencia, ausencia.

***

Cuerpo sobre cuerpo,
tierra sobre tierra:
viento sobre viento.


"Cancionero y romancero de ausencias" / Lautaro




martes, 30 de septiembre de 2014

5 Haikus de "Cien Jaikus" - Masaoka Shiki





















Aguacero
Las grupas de los caballos
Al unísono

***

Ruido en la obscuridad
De la calabaza cayó una flor
Salto de sorpresa





Qué distinto el otoño
Para mí que voy
Para ti que quedas

***

La hierba reverdece
Sin ayuda de nadie
La flor florece


"Cien Jaikus" / Ediciones Hiperión

lunes, 29 de septiembre de 2014

5 Poemas de Hugo Mujica


















HASTA EL FINAL

Vi un perro negro muerto
en la calle,
aplastado en medio de la acera, manchado,
porque nevaba.

Vi la vida, allí mismo,
y no había más que eso: la coartada
del inocente: pagarlo todo.

Sentí en la nieve la vida y me vi morir
como un animal que se resiste
hasta lo último

hasta el deseo de ser rematado,

hasta el gemido final,
el que pide perdón por todo crimen ajeno:
                                                el que perdona a dios.

***

UN PEDAZO DE HAMBRE, UN VASO DE AGUA

Fiel a lo humano,

al tamaño de lo que los brazos
mecen,
a la fiesta
de lo que en las manos cabe,

a la callada esperanza
que es no apretar los labios.

Fiel a un vaso de agua
y al pedazo de hambre
                     que otro cuerpo nos trae,

fiel sorbo a sorbo, hambre a hambre.

Fiel al pudor de apenas una seña,
apenas el abismo
del otro
cuando el silencio
calla la piel que nos separa.

Fiel al límite de morir de hombre,
de haber abrazado el vacío
                                  que ese mismo abrazo llenaba.

***

SED ADENTRO

La boca abierta bajo la lluvia
                                     y el agua buceando el alma.

Sed adentro
hasta donde el mar se seca noche,
                                          hasta donde la sed amanece playa.

***

EN LA PIEL

A lo lejos, afuera,

cae una lluvia
que tan sólo huelo, una lluvia
                                     que aún no ha llegado.

Aquí
en la piel, como en una página
en blanco,
espero que el agua, la lluvia,
                               lo que vive y tiembla,
                                                          me sea alguna vez revelado.

***

INSOSLAYABLE

Apenas una brisa,
un estremecimiento en las hojas del roble,
                                               un temblor que la piel acoge.

También la ausencia es huella,
                                    pasos sin pisadas y, no obstante,
                                                                                    insoslayable camino.




Fuente: http://www.hugomujica.com.ar/poemas-completos.html
Web oficial de Hugo Mujica

sábado, 27 de septiembre de 2014

3 Poemas de "El runrún de las palabras" - Paloma Corrales

















(he cruzado)

he cruzado algo más
que tu piel y tu piel
para ver la tristeza que anunciabas
ahora sé que te niegas
en las lámparas rotas
que nunca permaneces en los tilos
sé que casi no hablas
y sin embargo
dices polen
y dices lágrima
buscando una salida
sé que te duele el viento
si llegas al orgasmo
que tus batallas
son de ti contra ti
y todas tus penínsulas
pero también sé que guardas silencios
para mi pubis
he cruzado algo más que tu piel
ahora
te insinúas
en cada mueble.

***

los cipreses acuden

las palabras
se fueron
una tarde a la hora de la sal
y desde entonces
los cipreses acuden
como resguardándose del frío
ignoran
que esta casa
se llenó de agujeros

para no escribir el dolor
escribo árboles
panteras
caballos y caléndulas

el jardín donde fuimos
se muere un poco cada día.

***

mariposas blancas

"Se trata de doblar algo más que una coma
en un texto que no podemos corregir"
R. Juarroz

se trata de jugarse la piel
para prender el aire de un instante,
que la verdad supure
sin mayúsculas,
se trata de palpar en una hora
-en cada hora-,
el latido caliente del hambre,
todo lo que no está y continúa,
la miseria mojada,
la soledad mojada,
mojado el hundimiento,

se trata de los quicios,
de las cunetas,
de lo apartado y los grilletes.

se trata, poco a poco,
de incorporar lo frágil y romperse.



"El runrún de las palabras" / Ediciones La Baragaña


jueves, 18 de septiembre de 2014

3 Poemas de "Donde nadie me llama" - Fernando Beltrán





















Los cisnes de la sangre,
nuestros cisnes.

Esta vena de amar
que estira el cuello
más allá de la ley.

La hermosa gravedad de los que ahogados
flotan aún como dioses
sobre la inmensidad del mar






Tiré una piedra al pozo de tus ojos
aún no la oí caer,
puse luego el oído en el silencio
y acaricié una a una las heridas
cerradas de tu blusa,
la que siempre te pones para mí,
la que nunca te quitas para mí,
la que un día me abriste
a la altura del beso
y la mano que te ama
de repente
sorprendido en los búhos de tu pecho
el corazón enfermo de los hombres,
sus latidos más hondos,
esos grifos de amor tan mal cerrados
cuando llega la noche


"Donde nadie me llama" /  Ediciones Hiperión






miércoles, 17 de septiembre de 2014

3 Poemas de "El ojo de la mujer" - Gioconda Belli


















LA ETERNA PREGUNTA

La eterna pregunta de la identidad:
ser o no ser.

Dejarse ir,
o quedarse en esta orilla,
en la seguridad,
o ir allá donde el paisaje se adivina frondoso,
se percibe
y casi nos parece oler las flores del otro lado
y nos vamos embriagando del olor presentido
que nos va penetrando,
y son las flores, las enredaderas,
el agua del otro lado que nos está sonando en la memoria
con su olor a mango,
y es ese sentir que el corazón está próximo a estallar
(el olor del malinche, las explosiones del malinche),
los faunos,
un día que se va,
un día que pudimos haber estado al otro lado
y no estuvimos.





DESPARRAMADAS

Estaban allí,
desparramadas,
las flores del árbol grande
que no sé cómo se llama
y que florece rosado en las tardes,
esas tardes hermosas
en que tu recuerdo
es una ola corriente que vibra en mi sangre,
como esas flores que vibran sobre el pavimento,
vuelan sobre los techos de las casas,
se enredan en el pelo de aquella vieja caminando despacio,
o en aquella fuente, mi amor
o en aquella fuente...






INVENTAREMOS NUESTRO PROPIO IDIOMA

Inventaremos nuestro propio idioma,
mi amor,
y se nos crecerán los ojos.
Veremos cosas que nunca nadie ha visto:
caminos entre las nubes,
canciones en los trigales.
Les veremos los fustantes al viento,
las bocas con que besa el agua,
andaremos sueltos,
descalzos,
desnudos,
como invisibles duendes.
Llenaremos de palabras y risa
las paredes del mundo
mientras vamos vertiendo el amor de nuestros cuerpos
gorgojeando,
aguahablando,
cho
       rre
             án
                   do
                         nos
                                 como las fuentes.


"El ojo de la mujer" /  Visor Libros


martes, 16 de septiembre de 2014

3 Poemas de "Lianas" - Isla Correyero





















LAS MEDIAS BLANCAS

Tengo unas medias blancas de seda que me pongo
cuando me visto el traje negro de los recuerdos.
Son unas medias finas, hambrientas de fantasmas
que hacen juego con pájaros interiores, oscuros.

Las piernas, penetradas por estas bocas blancas,
levemente se abren con signos vegetales.
Los hilos amanecen en mi piel,
brotan, perdiéndose,
entre los elevados pensamientos más íntimos.

En derredor: imágenes de ocupación pelviana,
soberbias latitudes desde el puente atestiguan
la entraña y las enaguas levantadas al vuelo.

¡Qué holgada está la tela de la falda de flores,
la rodilla suavísima con olor a naranjas!

Por los muslos se agrandan los dibujos henchidos,
son copos invisibles calcinando altas cumbres.
Me infunden sobresaltos, me clavan dulces flechas,
tan finas son las mallas que asaltan los engarces
y hasta el ocre desierto los poros me rezuman
feroces destinos, presagios entreabiertos.

Siento flores y manos crecer entre las piernas
y más arriba el musgo
tapando el azulón vellón de la albufera.

No podría ponerme estas medias sabiendo
la gracia que se esconde, generosa en tu boca.
Espumosas persisten, sin causa me rodean,
temibles de tu roce, sin fatiga,
explorando.

***

EL DESEO

Ésta es la enfermedad cruel del deseo.
La ruta de los pájaros sonámbulos
en vuelo breve bajo las tormentas.
Conozco sus libreas y sus máculas
y las motrices ansias eternales,
demasiado bien lo conozco.

Desciende azotándome hasta el cauce
y arranca blancas prendas con su apremio.
Cruza paisajes de escarcha subterránea,
desiertos, lunaciones, parajes en crepúsculo.
Es un huésped simbionte en las dunas más
altas.
Es un paraje negro oculto entre la nieve.

Cuando llegan las horas del silencio
se asienta en mí y persiste
balancea mis ancas, las abulta.
Es un impulso espeso y enturbiado
que bordea mis labios
y que en fugaz ración muestra su presencia.

Nada sabe del alma ni sus incubaciones,
nada necesita:
sólo el grueso espejo de otro cuerpo caliente.
Y sólo permanece en la sombrilla violeta de mis ojos
breñales
cuando en la nublada languidez del vaho
el cristal no devuelve más que su superficie.

Ésta es la enfermedad cruel del deseo
que por ti siento siempre,
hondísimo,
quemando,
y no devuelto.

***

LA CASA

Tenía para mí, la casa, un incurable
olor a trébol y pájaros mojados,
caudales de colmenas que a la noche
con dulce estruendo azul raspaban las
ventanas.
Eran aquellos días de amor
en que quedábamos
a la fuga y al hielo de las doce
recostados y firmes en un banco
dibujando sombreros y jamás.

La llave de la casa con la lluvia
tenía un frío tacto de sollozo
que al meterla en la vieja cerradura
sonaba igual que un vino
tragado en el silencio.

Como el aire canela, por las puertas
pasábamos
ligeros e inocentes, veloces, revoltosos.

Si yo estaba en la casa,
llamabas a la aldaba conteniendo el
aliento
y en el vientre los vidrios tibios de la
zozobra.
Desde mi cuarto a oscuras yo cuajaba
las ansias
contrayéndome toda, volviéndome
violeta.
Daban las doce fieles en el reloj del patio
y la mágica herrumbre de la llave
inundaba de luz todo el pasillo.

Bajo el racimo blanco de la lámpara
antigua
mis ojos te buscaron durante tres
inviernos
y a sus uvas brillantes, vi tus ojos
anclados,
rojizos, en el álveo profundo de las
lágrimas.

Con la quietud de un cisne sorprendido
en su sueño
resistí la derrota punzante con orgullo
y al despedirte tuve el gesto del guerrero
que, sabiéndote herido de muerte, aún
sonriera.

Hubo tantas pisadas de tu alma en la
mía,
tantos lodos y fosos nos fueron
circundando,
que al mirar, hoy, de lejos
la frágil casa a oscuras,
me atraviesan sus acres crepúsculos
coñac.

¡Cómo deshace el tiempo las casas y sus
climas!
¡Qué pronto se parece la memoria al
olvido!

Sobre las frías alas del recuerdo se
mueven
sombras falsas, terribles,
cortinas y escombreras,
viejos libros cerrados, abejas en la piel.

Y ya no hay corredores simulados ni
huellas
capaces de encerrarnos, otra vez, en sus
muros.

Pasaste por mi casa, tu casa y nuestro
nicho,
con el descuido propio de un pecado de
amor.
Pero al huir dejaste, repleto de señales,
el camino y la brújula inútil del recuerdo.


"Lianas" /  Ediciones Hiperión