viernes, 3 de enero de 2014

Solo palabras-Tomeu Ripoll



















Tú, puedes ser luz cuando me lees,
yo, puedo ser agua que te abre,
pero las palabras quedan en medio
como un camino, como una brecha,
como una estación que no es de nadie.

Y si un día me entiendes o me enciendes,
si un día me quieres o me rompes,
quedan las palabras que te dije,
       las palabras como flores muertas,
                   flores secas oliendo a silencio.

Y si un día me olvidas o me guardas,
si un día pequeño me vuelves sombra,
quedan las palabras que te quedas,
       las palabras como lengua propia
                   que me nombran por descuido.

Tú, puedes ser luz cuando me lees,
yo, puedo ser lluvia que te abraza,
pero las palabras quedan en medio,
como una muralla o como un puente,
como una razón que no es de nadie.

Y se despellejan las palabras
con las uñas de la distancia.
Si un día te despiertas
y no encuentras lo que he escrito
ni en un rincón de la memoria,
es que la hiedra venenosa
se hizo enredadera en la rutina,
alcohol sobre la tinta del mar,
agua sobre el agua mansa,
y desnudó las hojas de letras,
las cubrió de musgo,
y fermentaron de sentirse solas.

Tú, puedes ser luz cuando me lees,
yo, puedo ser río que se marcha,
pero las palabras se quedan en medio,
como las huellas de una canción
que, en minúscula o en voz baja,
consiguieron mirarte a los ojos
y decirte que tú, puedes ser luz,
y decirte que yo, puedo ser agua,
y que el resto, son solo palabras.


El verbo más ancho / Ediciones La Baragaña

miércoles, 1 de enero de 2014

Mi madre y yo-Susana March












Siempre soy un poco niña
cuando voy a ver a mi madre.
Ella me riñe como si lo fuera,
me arregla la lazada del vestido,
critica la forma de pintarme los labios,
me esponja el cabello,
me repite por centésima vez
el modo de hacer una buena sopa de pescado.
Y yo asiento a todo, dichosa, tranquila,
enamorada de mi madre,
de sus cabellos grises,
de su cuerpo deformado por los años y la maternidad,
de sus manos marchitas y hacendosas,
de sus pies diminutos que todavía no han aprendido a estarse quietos.
Después me estrecho un instante
contra su seno y ella
me va borrando años, melancolías, ansias,
con la dulce caricia de su mano. Y yo pienso:
-"Algún día
dejaré de oír esta voz,
dejaré de sentir sobre la frente
el temblor de estos dedos..."
Y es como si el mundo
se quedara vacío de pronto.
¿Hay una orfandad más triste que la orfandad del adulto?
¡Huérfanos de cabeza gris!
Yo no sería nunca vieja si viviera siempre mi madre.
¡Lo sé!
Pero quedarme sola,
afrontar sin ella la muerte y la enfermedad,
tener un gran dolor y no contárselo...
¡Ah, todo es mentira junto a esto!
Mi madre a la espalda,
mi hijo delante de mí.
¡Lo demás no importa!


Poemas/Antología (1938-1959)
Publicaciones La Isla de los Ratones

lunes, 30 de diciembre de 2013

Poesía- Biel Vila



De algunas mujeres me gusta
lo que se ve con la luz apagada y
los ojos cerrados.
Aquel brillo.
Esa luz.



Vivo en las pequeñas cosas / Ediciones La Baragaña

domingo, 29 de diciembre de 2013

La de los tres rostros- Robert Graves



LA DE TRES ROSTROS

¿Quién la llama dos caras? Rostros tiene tres:

el primero inescrutable para el mundo exterior,

el segundo encapuchado, contemplándose a sí mismo,

el tercero, su rostro de amor

vuelto una vez, por un instante eterno, hacia mi.



Cien poemas / Editorial Lumen

martes, 20 de septiembre de 2011

Presencia de Ausencia




Decían los médicos que
acunada por los mórficos,
su alma volaba sola.
Y yo,
que la miraba con ojos niños,
sentía que ese sueño
no era más que la mordaza
que ahogaba el dolor de su cuerpo.
Sentía,
que se me iba escurriendo
entre los dedos,
lo mismo que a mi niñez
se le escaparon los años.
Ahora,
cuando la presencia de
su ausencia se hace patente
llenando de lágrimas
mis horas grises,
un susurro se escapa
entre las gotas de sal
que, nacidas en mis ojos,
proclaman su nombre:
-Abuela, ¿dónde estás, abuela?

miércoles, 22 de junio de 2011

Polvo

Todo ha vuelto a quedarse quieto,

el cielo quebrado y mi mar seco.

Sigo navegando la vida

como un cadáver mohoso.


Fue ayer… O,

acaso fue hace mucho…

Tan solo sé, que

la vida se me aparecía hermosa

cuando él vestía mi alma

con las ocho puntas de su estrella.


Le vi mirarme

con el amor en los ojos,

cómo solo se mira

el diamante más oneroso

y, sentí que el mundo

se inclinaba ante nosotros

cada vez que

compartíamos un ósculo.


Luego partió… Fue un adiós transitorio.

Mi cuerpo se quedó solo,

cuando mi alma se fue con él.

Ahora miro el pasar de los días,

con la mirada perdida,

y mi vientre

convertido en polvo.

jueves, 28 de abril de 2011

Divagaciones de una loca

¿Qué hacer cuando

el corazón te dice;

"no lo hagas, no actúes",

a la vez que tu mente susurra;

"no es lógico quedarse quieto"?

¿Qué hacer cuando

un latido te grita “¡Sí!”,

y el otro estalla “¡No!”?

¿Hacia dónde ir cuando

una parte de ti, te atrapa,

mientras la otra, te impulsa?

¿Qué hacer cuando

el corazón te dice “tengo miedo”

y el alma responde “lo necesito”?

Yo, solo sé que;

entre mi latido y mi mente,

entre la presencia y la ausencia,

entre si y no,

entre necesidad y miedo…

¡Me estoy volviendo loca!